21.9.09

Como una - 22/06/09

Pandora: Decime una cosa, n., ¿por qué no sonreír si no hay razón para estar triste?
n.,: Es extraño que vos me lo vengas a preguntar.
P: ¿No entendés que para oscuridad y gravedad estoy yo?, ¿o es que acaso pretendés terminar con todo equilibrio?
n.,: No quiero equilibrio, busco intensidad.
P: Ya veo… por eso te revolcás en el fango. Oh, miren todos como sufre n., como el recuerda al mundo que está fuera del rebaño, como soporta el dolor, ¡el suplicio!
n.,: No hables de lo que no sentís.
P: Disculpame, querida, había olvidado que eras la Incomprendida Trágica. Date cuenta de que no sos plena, ¡sos una sombra de lo que deseamos!
n.,: Por lo menos soy.
P: ¿Realmente sos? ¿Es esto que está viviendo ser? Qué decepción. Jamás pensé que sufrir sin motivo alguno y regodearse en ello fuera ser.
n.,: No lo se, ni me preocupa. Dejame vivir…
P: ¡Es que no estás viviendo! ¿No te das cuenta de todo lo que te perdés, de todo lo que estás dejando pasar? ¡Perdé ese maldito miedo que tenés! ¡Sos una cobarde! Maldita sea, n., ¡no sos vos!
n.,: Ya no importa. No tengo que ser alguien.
P: ¿Y tus sueños? ¿Tus objetivos? ¿Tus planes? ¿Tus delirios? ¿Tus pensamientos? ¿Qué sucede con todo eso? ¿Dónde está?
n.,: Perdido, como yo.
P: Si estás perdida, es porque querés estarlo. ¡Cobarde! ¿Dónde quedaron tus fuerzas? ¡Ponete de pie! Mirá el horizonte, sentite llena, ¡se feliz!
n.,: No sirve de nada.
P: Aplastarte es lo que tendría que hacer. Encerrarte en algún lugar recóndito de nuestra Alma y dejarte allí. ¡Estarías rodeada de verdadera oscuridad! Llamás a lo que sentís soledad, pero no tenés una idea de lo que es eso. ¿Y sabés porque qué no lo hago? ¡Porque me das lástima!
n.,: ¿Lástima?
P: Si, lástima. Ya no sos una contrincante. Sos nada. No tengo que aniquilarte. ¡Ya estás muerta!
n.,: ¿Muerta?
P: Y a punto de ser enterrada. ¿No ves las cenizas a tu alrededor? Tu propio fuego, ese del que tan orgullosa estás, te consumió. Cuando el viento cobre vida, no quedarán rastros de tu presencia. ¡El mundo tendrá un peso menos!
n.,: No entendés, Pandora.
P: Entiendo todo, todo. Aceptá que ya no te queda nada por hacer. Despedite de los tuyos. ¡Arrepentite por no haber vivido con plenitud! Sufrí, llorá, se humana y termina con tu existencia decadente.
n.,: No soy humana.
P: Si, lo sos. ¡Sos mortal! Tu tiempo se acabó, querida. No lamentaré tu ausencia. Te veré, al fin, en el Inframundo.
n.,: No, Pandora. ¿Es que no lo notás?
P: ¿Notar, qué?
n.,: Lo que está sucediendo con las cenizas.
P: ¿De qué estás hablando! Si ya estás muer… ¡no puede ser! ¡Sos humana, sos mortal!
n.,: No, Pandora. Soy fénix. Ardo cuando me llega la hora. Sufro a causa de mi fuego. Me hago cenizas. Renazco.
P: El fénix vuela, es pleno, se lanza a la libertad. Y vos, n.,… ¡vos!
n.,: ¿Yo, qué?
P: (Silencio).
n.,: El cielo resplandece. Me está llamando. Estoy lista para volar. ¿Sos capaz de viajar a mi lado?
P: ¿Juntas?
n.,: No, juntas no, como una.
P: Como una.

16.9.09

La misma cosa




Acostada en la cama, lucho una vez más contra el dolor incipiente. Cada noche le digo que no va a vencerme, pero cada noche arremete con más fuerza que la anterior. Maldito seas, dolor. Hace tiempo te declaré la guerra, pero todavía no logro eliminarte. Y es que puede que en esta lucha no exista un ganador, tan solo un alma que sufre, o mejor dicho, que se hace sufrir. Me gustaría ser capaz de cerrar los ojos y abrirlos en ese día que tanto espero, el día en que deje todo atrás, desintegre las cadenas que me atan, y vuele hacia la libertad, la felicidad, y esa tierra en que la palabra sufrimiento no existe. Pero no, no puedo. Mañana será otro día más de cárcel, de suplicio y de distancia. Tan solo deseo mirar como el sol se asoma por el horizonte. Y es que todo sería más fácil si fueran tus brazos los que me rodearan y no los míos. Comprendamos que esta es una batalla entre dos, el dolor y yo, o tal vez entre una, acaso si somos la misma cosa.

Nunca voy a ser capaz de darle nombre a esto - 21/06/09

Me derrumbo y él me mira dándome fuerzas para que me ponga de pie, otra vez. No podemos tocarnos, no podemos sentirnos, pero aún así, hay algo más grande que nosotros, que nos invita a seguir. Nos deseamos tal vez más que a nada en el mundo, pero no nos podemos tener. Nos miramos a los ojos, nos decimos todas las verdades que tenemos el valor de pronunciar, pero hay un grueso vidrio que nos separa, que nos pesa, y que por momentos no me deja respirar. Una mano sobre la otra, intentando vencer a la distancia y lograr hacer contacto entre piel y piel, algo que hoy nos es imposible. Papeles escritos, papeles inesperados, sobrevuelan el océano hasta él, logrando lo que yo no puedo, sintiendo lo que yo anhelo. Pero llegará el día en que las aguas serán quienes nos unan, quienes oculten nuestros cuerpos desnudos fundidos en un solo ser. Y allí la distancia desaparecerá, y el vidrio se convertirá en hielo, que sin necesidad de poner fuerzas en ello, y a causa del deseo, se derretirá. Entonces, no veremos la luz del sol por siete días y siete noches en las que la única ropa que tendremos, será nuestra piel. Mientras tanto, los hilos se unen, se hacen fuertes, se entrelazan, y marcan el camino a seguir, para que cuando el medio circundante de rienda suelta a la libertad, el deseo sólo necesite cerrar los ojos y dejarse llevar. Porque al fin y al cabo, lo que hoy nos separa, mañana nos hará uno.

9.9.09

Las puertas de mi laberinto - 16/06/09

Me pregunto la razón por la cual el pasado es tan relevante en la vida de los humanos. ¿Por qué deseamos revivir momentos o situaciones? ¿Será que está en nuestra naturaleza pensar que el futuro no va a ser mejor? Puede que sea yo quien hoy no logra hacer equilibrio entre los estados del tiempo. Ahí estoy, parada sobre una fina cuerda sin nada en lo que sostenerme y un precipicio por el cual puedo caer debajo de mis pies. Mantenerme a esa altura me produce cierto placer. Pero mientras más alto esté, menos oxígeno voy a tener. La idea de dejarme caer y descubrir que se siente volar, me seduce. Aún así, elijo la duda, el desasosiego, y continúo alimentando este sentimiento que crece en cada palabra. Desasosiego, amigo mío. ¿Cómo has estado? Todo una farsa. Nunca dejamos de tenernos. Se lo que necesito, ¿pero tengo las fuerzas necesarias para lograrlo? Quiero aire, bendito y glorioso aire. Entonces, elijo. Me inclino hacia un lado, pierdo el equilibrio, y comienzo a caer. Giro y giro en el aire mientras recuerdo días pasados, lágrimas escondidas, cortes curados. Busco las cicatrices de lo que fue en mis muñecas, en mis manos. Quedan tan pocas… invisibles a todos los ojos que no sean míos. ¿Qué me movía a realizar aquello? Oh, si, ¿cómo olvidarlo? El dolor, el maldito dolor. Recorro el cuarto en la búsqueda de algo que tiré por los aires hace meses. Lo encuentro, lo miro, lo acerco a mi piel, y ahí lo dejo. Tan solo un poco de presión bastaría para ver como ese líquido color rojo comienza a fluir. Pero no. Hace años que derroté a ese fantasma. Querido amigo, ¿con cuánta de mi sangre te alimentaste? ¿Cuántas cicatrices tuviste el honor de realizar? He aquí mi laberinto. El real, el tangible, el que me encargue de marcar sobre mi piel. Les presento la parte más oscura de mi alma, la belleza de mi pasado, el recuerdo que aún me persigue. Si de algo me enorgullezco, es de no haber sido lo suficientemente valiente como para presionar más de lo que lo hacía. Y es que… en el fondo siempre tuve miedo.

23.8.09

Sensación I - 15/06/09

Acostada en la cama, rodeo mis rodillas con los brazos. Intento no pensar en el vacío que siento en el pecho. Perdí algo, algo que jamás tendría que haber dejado ir. Ya es tarde, me digo. Lo hecho hecho está. Decir que me arrepiento, sería mentir. Es que… no lo volvería a hacer. Perdí mi corazón. Necesito recuperarlo. Lágrimas invisibles caen por un rostro que por momentos me resulta ajeno. A pesar de todo, y teniendo en cuenta todo lo que di, solo quiero me devuelva la mirada y me diga que no va a desaparecer sin decir adiós.

Mientras miro en amanecer - 3/06/09

La distancia no es lo único que nos une.
No olvides que es el mismo Sol el que marca nuestros días.
No olvides que es la misma lluvia la que empapa nuestra piel.
No olvides que es el mismo viento el que acaricia nuestros labios.
( . . . )

Cosas que decir III - 30/05/09

Siempre voy a tener la duda de si quiero lo que deseo simplemente porque no lo tengo o porque me siento atraída a eso de forma total y completa. Pocas cosas se parecen a ella, ¿o será que pocas cosas me hacen sentir lo que ella? Dudo, de todo. Dudo de la realidad, de la realidad verdadera, esa que no incluye la gripe A ni al alerta mundial. Escribo, para evadirla, leo para evadirla. Y no, querido padre, no tengo perdón de Dios porque Dios no existe. Un absurdo, eso es. Como muchas otras cosas ilógicas y sin sentido alguno. Detesto el jamón crudo y no me gusta el dulce de leche. No golpees la puerta de mi cuarto si no vas a entrar. Silencio. Mentira, no hay. Nunca voy a encontrar silencio dentro de esta casa. Hogar… sigo sin tener un hogar. Mi corazón está perdido por algún lugar. Ciertos sentimientos no tienen nombre. A veces prefiero que así sea. Todavía quedan cosas por descubrir. No dejo de asombrarme sobre lo mucho que me queda por aprender. Pilas y pilas de cosas. Mis prioridades vuelven a tomar lugar. No voy a romper esa promesa. Tengo que volver a trabajar en mi escritura. Esta noche me voy a poner a prueba. Esa noche voy a escribir ( . . . ). Ser escritor está más cerca de lo que nosotros, los que aspiramos a serlo, creemos. No debo olvidar las reglas. Primero, lo esencial: leer mucho, vivir mucho, escribir mucho. Luego, los mandamientos. Por supuesto, no debo olvidar las leyes. Tengo minutos, horas, días, semanas, meses, y espero años por delante. Jamás llegaré a la perfección, porque esta no existe, pero puedo acercarme cada día un poco más. No olvidar lo esencial, nunca. Las metas, las razones de existencia son y siempre serán dos. Derrotar, por un lado, y crear, por el otro. Tengo que leer a Hegel. Tal vez encuentre en él ayuda para realizar ambas cosas. Dos obsesionados del Absoluto se encontrarán. Me pregunto que resultará de aquello. Mis lápices, las hojas, un bandoneón y el tango me esperan. En horas, nuevos cuentos surgirán de mi mente, o por lo menos eso espero…